Padre Pascual Pirozzi

 

Sus Comienzos 

Capellán en Hospital Militar

Sacerdote Santo

Capitán Bermudez

Buenos Aires

Fotografías

Oración Pidiendo por la Beatificación

Novena para pedir Gracias

Estado del Proceso de Canonización


 

Sus Comienzos

El Padre Pascual Pirozzi nació en Pomigliano D'Arco, cerca de Nápoles, el 12 de abril de 1886. De su niñez tenemos pocas noticias. En sus primeros años fue un niño aplicado al estudio, como lo fue también en sus cursos superiores de filosofía y teología. Se destacaba en la virtud y en el estudio, y hacía pensar a los superiores y compañeros que con el tiempo alcanzaría una madurez espiritual acorde con la invitación de Cristo: "Sed perfectos como perfecto es nuestro Padre Celestial".

Es ordenado sacerdote en el año 1909.

LLegó a Buenos Aires el 29 de marzo de 1914, pocos meses antes de estallar la Primera Guerra Mundial. Le había pedido a los superiores trabajar en la Argentina, donde ya estaban el P. Juan Terracciano y el P. Nóbile de Silvestre. En la carta había señalado: "Un misionero debe dejar todo: madre, padre, hermanos y patria".

El P. Pirozzi ha escrito en forma clara y sencilla los deberes del sacerdote hacia Dios y Cristo. Para ellos ha trazado brevemente la vida y acción de Cristo como modelo de sacerdote. El, como consagrado por los votos, se ha sentido necesariamente obligado a practicar la pobreza, la castidad y la obediencia. Sentía el sacrificio para la ejecución, pero el amor de Cristo lo anima. Se ha conducido en la imitación de Cristo como su verdadero discípulo: fue pobre, casto y obediente.

Toda persona que ha conocido al P. Pirozzi o lo ha visto simplemente, puede decir que se presentaba con una sotana rota y no muy limpia, medias gastadas, zapatos raros y, algunas veces, con barba larga. Su aspecto físico y su mirada inducían a considerarlo como casto en todo sentido; su obediencia y acatamiento a las órdenes de los superiores eran manifiestos. Se presentaba al público con sabiduría divina, modestia y conquistaba el corazón de los pobres y de los ricos para Dios.

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Capellán de un Hospital Militar

Al año y ocho meses de estar en Buenos Aires, le llegó la noticia de que su clase había sido llamada para el servicio militar por la guerra ya estallada entre Italia y los Imperios Centrales. Obligado a presentarse, partió el 2 de diciembre de 1915. Según la opinión de quienes lo vieron trabajar como capellán en un hospital militar, con los heridos, como con los internados por enfermedades comunes a contraerse en tiempo de guerra, afirman que su desempeño sacerdotal mereció cálidos elogios por su preocupación, su paciencia y fervor en la administración de los Sacramentos, como así también por su caridad para consolar en esos momentos tan difíciles para los soldados, lejos de sus madres y de sus familias.

El 28 de agosto de 1919 vuelve a la Argentina el P. Pirozzi y con él viene otro misionero, el P. Pascual Rennella. Al mes siguiente se celebra por primera vez la fiesta de Nuestra Señora de los Dolores en el Colegio Benito Nazar. Dentro del Colegio tuvieron su Capilla privada para reunirse en la oración, rezo del Rosario, meditación por la mañana y por la tarde lectura espiritual y visitas al Santísimo Sacramento.


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Sacerdote Santo

En 1927, durante unos ejercicios espirituales practicados en la casa de los Padres Redentoristas, en Bella Vista, Provincia de Buenos Aires, el P. Pirozzi tomó la firme decisión de no ser solamente un buen sacerdote, sino de ser un sacerdote santo.

Durante los ejercicios espirituales, el P. Pirozzi escribió: "Dios quiere que todos lo conozcan y sirvan. Si desea esto de toda persona, mucho más ha de desearlo de los sacerdotes y de los religiosos que habiendo recibido a Dios, a preferencia de los demás, gracias especiales, es justo que ellos, a preferencia de los demás, hayan de corresponder a Dios amándolo y sirviéndolo de una manera especial".

En el escrito "Frutos a conseguir por los Santos Espirituales Ejercicios", de 1927, se propone modificar totalmente su vida y hace referencia, como San Agustín en sus Confesiones, a los defectos que tiene y el anhelo de ser un digno religioso, un santo sacerdote y un celoso misionero hasta la muerte. Se impone él mismo el castigo merecido por sus faltas: "En esta vida el abandono de Dios, y el infierno en la otra vida".

En la página 9 de otro folleto, se pregunta: "¿Qué nos manda Cristo para ser sus amigos? Primera respuesta: "Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos". En la respuesta N. 25 dice: "Enriquecernos de gracias y méritos para el Cielo". En la N. 11 afirma sobre este mismo tema: "Fusionar todos los días de mi vida los pensamientos, afectos, deseos; acciones en el Corazón de Jesús y en la Santa Eucaristía".

Para demostrar que pertenece al rebaño de Cristo, en la N. 8 dice: "Que tenga la marca, es decir, un signo, para justificar que soy del rebaño de Cristo y no del rebaño de otro pastor". Este querer de estar con Cristo, le hace decir en el N. 13: "Quiero ser esclavo de Jesús y no del mundo, del demonio y de la carne". Su amor a Cristo va "in crescendo" al decir: "Quiero estar en su presencia Eucarística todo el tiempo disponible".

En el N. 22 dice: "Pena que siente Jesús por no darle mi corazón".

En el contexto de su discurso está también su pedido al Padre a fin de que sus discípulos tengan la ayuda del Padre Celestial, y le dice: "Santifícalos en la verdad, pues tu palabra es verdad" (San Juan, Cap. 17 N17)

Según el testimonio de quienes estuvieron cerca de él, el P. Pirozzi era un sacerdote que sobresalía en las virtudes y lo demostraba en las acciones.


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Capitán Bermudez

Al llegar en 1938 a Juan Ortíz -hoy Capitán Bermúdez- el P. Pirozzi encontró una humilde capilla dedicada a San Roque. El terreno medía 1.400 metros cuadrados, a nombre de la Curia de Rosario, donado al obispado por el señor Roque Cassini. Al llegar no encontraron ni una pieza al lado de la Capilla.

El señor Luis Cristallini nos cuenta: "Cuando por el año 1939 aparecieron los Misioneros de los Sagrados Corazones, en Juan Ortíz comenzaba el progreso. Sólo existía la Capilla de Villa Cassini, que carecía por completo de comodidades para que los Padres pudieran alojarse en ella. Por mediación del señor Inocencio Moldón fue cedida en préstamo y sin cargo alguno un caserón existente en el Bulevar San Lorenzo -que atualmente sirve de Comisaría- para que los Padres pudieran vivir. El P. Pirozzi eligió un cuartucho que actualmente sirve como calabozo. En una oportunidad fui a visitarlo por hallarse enfermo y le sugerí que buscara algo mejor para habitar. Me respondió que el sufrimiento nada representaba a la par de lo que había sufrido Jesucristo. Y muy tranquilo quedó en ese sitio.

Los Padres recorrían unas quince cuadras para llegar a la Capilla, atender a los fieles para la Misa y volver una vez más, a la tarde, para el Rosario y la Bendición. Piénsese que todo empeoraba en invierno y que el P. Pirozzi tenía cierta dificultad en el andar, que ya se notaba en Buenos Aires. Bastará decir que en el momento de la Consagración no pedía hacer la genuflexión, según la costumbre, pues su rodilla no llegaba al piso.

En el caserón no disponían de agua ni de cocina, que reemplazaban con un calentador para prepararse sus pobres comidas. El agua tenían que buscarla en la fuente pública o en casa de alguna familia. Esto duró bastante tiempo.

Intervino entonces un fervoroso caballero cristiano, el ingeniero Silvio Gagliardi, quien se ocupó de hacer construir una pequeña casa. Cuando se trasladaron a la casa parroquial construida por el ingeniero Gagliardi, entre los cuartos que servían para habitaciones, el P. Pirozzi eligió el más modesto e incómodo, situado en un rincón, con poca circulación de aire. En varias ocasiones se podía observar que en su cama no había colchón. Dormía sobre elástico de hierro, con dos maderas en cruz como almohada. Cuando alguien le reprochaba su modo de vida, el P. Pirozzi repetía: 'Cualquier sufrimiento nuestro nunca podrá compararse con lo que padeció Jesucristo".

En 1944 pasó a Montevideo, allí continuó con esta actividad y fue capellán de la Iglesia de Santa Teresita, en Camino Mendoza, hasta junio de 1945. En ese año volvió a Buenos Aires después de siete años de ausencia.


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Buenos Aires

En los últimos días de febrero de 1950 -Año Santo- el P. Pirozzi se enfermó de improviso y de gravedad. No se presentó a la oración y meditación de la mañana. La Iglesia no se abrió, no se le vio salir para la Comunión de los enfermos. Con justificada extrañeza, algunos colaboradores se acercaron a la puerta y escucharon unos gemidos. Forzaron entonces la puerta y quedaron sorprendidos al advertir que no podía hablar a causa de los dolores. Se llamó con urgencia al médico, quien aconsejó internarlo rápidamente. Lo llevaron enseguida al Hospital Italiano.

Fueron inútiles todos los cuidados y todos los remedios. El 3 de marzo -Primer Viernes-, por la mañana, recibió la Santa Comunión. Por la tarde, cuando en la Parroquia se cerraba la oración del Santísimo Sacramento, en el culto de las Cuarenta Horas, Dios lo llamaba a la vida inmortal, a la felicidad eterna... Le daba entrada a la casa: el Cielo.

"La muerte es una ganancia". Y lo fue en un día tan señalado para El... llevar la Santa Comunión a los enfermos y ancianos, como también una ayuda y un consuelo... pero ese día los hizo llorar.

Voluntad de Dios. En abril iba a cumplir 64 años de edad. La mitad, 32 años, estuvo en la Argentina.

Muchísima gente asistió a sus funerales y lo acompañó al cementerio. La Curia Eclesiástica, por tratarse del P. Pascual Pirozzi, concedió el permiso para pronunciar el elogio fúnebre en la Iglesia. Lo hizo el P. Longo. En el cementerio hablaron los Sres. Roberto Torreiro, Rodolfo Cotone y Manuel Martín.

El P. Pascual Pirozzi ha conseguido su mejor y más grande anhelo: poseer a Jesús. Y lo manifiesta con todo ardor en su invocación del N. 15 "¡Oh, Jesús mío!, querido y bueno, haced que mi alma sea altamente poseída de vuestro dulce y divino amor, que pueda emplear de continuo las tres potencias para conocer, recordar y querer vuestro amor y nada más que vuestro amor y por siempre vuestro amor".


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Fotografías

 


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Oración pidiendo la Beatificación del Siervo de Dios PADRE PASCUAL PIROZZI m.ss.cc.

Padre santo, te damos gracias por habernos dado a tu Siervo Pascual Pirozzi, religioso ejemplar de los Misioneros de los Sagrados Corazones; enamorado de la Eucaristía y dedicado a anunciar, con sus palabras y sus gestos, el amor que arde en los Corazones de Jesús y de María; sacerdote totalmente entregado al servicio de sus hermanos, particularmente los pobres y los enfermos. Te pedimos poder verlo brillar entre tus santos y elegidos e imploramos por su intercesión la gracia que deseamos. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío. Dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía.
 


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Novena para pedir gracias por intercesión del Siervo de Dios PADRE PASCUAL PIROZZI m.ss.cc.

1. Rece con fe y confianza durante nueve días seguidos, la oración pidiendo la Beatificación del Siervo de Dios P. Pascual Pirozzi m.ss.cc.

2. Haga una obra de caridad en favor de los pobres o de los enfermos, preferidos del P. Pascual.

3. Reciba el sacramento de perdón y la comunión durante la novena.

4. Si puede, de a conocer la gracia recibida.

Es importante que al comunicar a la Postulación de la Causa una gracia recibida por intercesión del P. Pirozzi, se consigne claramente cuál era la necesidad (detallándolo lo mejor posible); cómo se rezó pidiendo la gracia; quiénes lo hicieron; cuáles fueron los resultados; el nombre completo de las personas beneficiadas, su domicilio completo y número telefónico. Si la gracia fuera la recuperación de la salud, es importante la certificación del médico que haya intervenido en el asunto con su nombre completo, dirección y firma.

A quienes obtengan gracias por intercesión del Siervo de Dios P. Pascual Pirozzi m.ss.cc., les rogamos las comuniquen en nuestra Parroquia y también a:


Postulación de la Causa de Canonización del P. Pascual Pirozzi m.ss.cc.
Via del Falegnami 23 - 00186 ROMA, Italia;
msscc.sg@libero.it

Casilla de Correo 38 - S2154CVJ CAPITÁN BERMÚDEZ
Provincia de Santa Fe, República Argentina
sacricor@netcoop.com.ar


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Estado del proceso de canonización

Después de la muerte del P. Pascual Pirozzi m.ss.cc., es unánime la voz de la gente, que recuerda sus virtudes.

"Era un sacerdote santo".

"Es incalculable el bien que ha hecho y todavía está haciendo a las almas con el recuerdo de sus virtudes verdaderamente extraordinarias".

"Tengo la firme convicción, como los otros sacerdotes que han estado con él, que el desarrollo rápido de las obras parroquiales, tanto material como moral, se debe en gran parte a la oración, a los sacrificios y al trabajo apostólico del P. Pirozzi".

"Era el hombre de Dios en el que no existía maldad. Era la guía de cuantos acudían a él por consejo, y sobre todo el director espiritual en la complicada selva de los problemas del alma. Era el sacerdote dedicado por completo al cumplimiento de su misión de hacer el bien, de secar las lágrimas, de extinguir los odios y traer la paz".

Esto nos impulsó a solicitar la introducción de la Causa de Canonización del P. Pirozzi:

  • En abril de 2000 hemos pedido al Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge Mario Bergoglio s.j., la apertura de la Causa de Canonización del P. Pascual Pirozzi m.ss.cc. fallecido en aquella ciudad el 3 de marzo de 1950.

  • En el mes de noviembre de 2000 el Arzobispo de Buenos Aires consultó a los Obispos de la provincia eclesiástica de Buenos Aires acerca de la oportunidad de introducir esta Causa, y solicitó a la Santa Sece el "nihil obstat" para la introducción de la Causa.

  • A pedido de la Postulación de la Causa, y a fin de que no se pierdan las pruebas y los testimonios existente, el 4 de diciembre de 2000 fue constituido el Tribunal para interrogar a los testigos, integrado de este modo: Juez Delegado, R.P. Fray Dr. Luis Glinka o.f.m.; Promotor de Justicia, Pbro. Dr. César Salvador Sturba; Notario, R.P. Fray Dr. Mateo O. Krupsky o.f.m.

  • El 26 de mayo del corriente año, la Congregación para las Causas de los Santos de la Santa Sede concedió el "nihil obstat" para la apertura del proceso de Canonización.

  • El 27 de agosto se abrió la fase diocesana del proceso de Canonización en la Arquidiócesis de Buenos Aires.


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